Me he dado cuenta de una cosa (aquí es donde empieza la filosofía barata), creo que más o menos todas las actividades de la vida siguen una pauta.
Haces algo durante un tiempo y llega un momento en el que te atascas o pierdes el interés, o la concentración, o te cansas. Por algún motivo ese algo ya no te produce la misma satisfacción que antes.
El caso es que si aguantas un poco llega un día en el que comienzas a entender los entresijos de lo que estás haciendo. De repente sabes exactamente el porqué de cada movimiento y eres capaz de ser más rápido y efectivo y recuperas la motivación del principio. Hasta que llega un punto en el que otra vez pierdes ese algo y tienes que aguantar un poco más para subir otro escalón evolutivo.
Me ha pasado con el deporte, me ha pasado aprendiendo a utilizar programas de ordenador, resolvieldo problemas de matemáticas e, incluso, en mi vida personal (y no me refiero sólo a la sentimental). Por lo que sé, también ocurre cuando aprendes a tocar un instrumento.
Creo que la vida y la felicidad van un poco de eso, de evolucionar superando barreras mentales (que trillado suena, ¡pero es verdad!). Bueno, de eso y de darse algún caprichito de vez en cuando (me acabo de comprar una camiseta genial, ya la enseñaré por aquí).
¡A ser felices!