abril 10, 2008

Me mudo

Me mudo otra vez. Y van... pufffff, yo que sé, ya he perdido la cuenta.

Aunque siempre es un torrao buscar piso esta vez no ha costado tanto. El caso es que estoy muy ilusionada con el cambio, con mis nuevos compañeros y con sentir de una vez que la casa donde voy a vivir es mía (sí, aunque sea compartida y de alquiler).

Además, hasta la búsqueda ha tenido su gracia.




Fundido a azul oscuro casi negro

Salgo del trabajo. Lluvia. Cogeré el autobús, no quisiera mojarme. 15 minutos esperando, perfecto, huelga de autobuses strikes again (¿habeis notado el sutil juego de palabras?). En el tiempo que llevo esperando me hubiera dado tiempo a llegar a casa, así que aprovechando que empieza a amainar el temporal decido emprender la marcha a pie. Dejo atrás la parada donde la gente se apretuja, aunque por el camino voy mirando a la calle todo el rato esperando que el autobús me adelante en cualquier momento, pero no lo hace.

Bien, parece que está parando de llover, pero nooooo... de repente un tromba de agua de proporciones bíblicas cae sobre mi, y como el cielo, que es un cachondo, no sólo ha decidido abrirse sino también que llueva de lado, me estoy calando viva a pesar de llevar capucha y paraguas. Lo intento, intento no mojarme, pero esto empieza a ser como mear contra el viento: absurdo y ridículo. Así que decido anteponer mi dignidad a mi sequedad y hacer el resto del camino andando normalmente, en vez de de puntillas y dando saltitos para tratar de esquivar los charcos.

Mis pies flotan dentro de las zapatillas que se han llenado de agua. Justo esas zapatillas que no había lavado todavía porque sabía que tardarían mucho en secarse. Esas zapatillas que hoy irán directas a la lavadora. Esas converse que hoy, en un momento de rebelión meets estupidez, y aún sabiendo que iba a caer el diluvio universal, he decidido ponerme junto con esos vaqueros que son demasiado largos y hay que llevar con el bajo doblado, aunque siguen arrastrado.

Así que llego a casa y de cintura para arriba sigo sumergida en mi microuniverso de capucha + cascos, pero de cintura para abajo me he convertido en un degradado de azul a un color que es casi negro.


Se me ocurre que la manera más práctica de evitar mojarse con la lluvia no es ponerse algo para taparse, sino ir en pelotas directamente, al fin y al cabo somos impermeables, ¿no?

abril 01, 2008

¡¡¡Viva la carne!!!

El sábado fui a donar sangre con toda la buena intención del mundo y ¿sabeís lo que pasó? Que me rechazaron ¡¡¡ME RECHAZARON!!!

Al parecer mi sangre es de baja calidad, está aguada, falta de hierro. No sabeís la depresión que me ha supuesto. Yo que siempre había presumido de tener una salud de hierro (que irónico), de estar como una rosa, de ir al médico sólo a que me dijesen lo genial que estoy... ahora de repente me entero de que estoy decayendo. Por eso he decidido regresar a la vida sana sana que llevaba hace unos meses y que poco a poco he ido dejando de lado.

Comida sana, un poco de ejercicio y en un par de meses tan bonica. Eso sí, no voy a hacer como las infelices que me he encontrado últimamente por Internet que dejan de comer para estar como palillos. Madre mía, no os imaginais la comunidad que hay montada en torno a la anorexia como si fuera un club o una forma de vida. Ayer estuve leyendo algunos blogs que me dieron ganas de dar unos cuantos sopapos, con consejos sobre cómo autolesionarse para evitar el hambre y mierdas por el estilo. Que no digo yo que las pobres enfermas no tengan derecho a desahogarse en un blog. Pero qué necesidad tienen de dar consejos para que luego venga el puber de turno, que está en plena efervescencia hormonal y hecho un monstruito, a joderse el desarrollo físico y mental.

Bueno, el caso es que todo esto me puso de muy mala leche. Así que he decidido hacer un alegato en favor en de la carne, de los culacos, de las tetezas, de los muslos apretaos, de que haya de dónde agarrar: ¡¡¡VIVA LA CARNE!!!