Lo peor no es que no te puedas permitir ciertas cosas. Lo peor es la obsesión.
Me doy mucho asco a mí misma cuando voy al supermercado y tengo que decidir si realmente merece la pena gastar el dinero en una lata de champiñones cuando los espaguetis me los puedo comer sólo con tomate. O si me compro el yogur que me gusta o ese que sólo tolero, porque vale 30ctms menos. Afortunamente muchas veces cuando me encuentro en esa coyuntura la elección está clara, Hacendado nunca defrauda. Aunque, tal y como se está poniendo Mercadona últimamente, llegará un momento en el que no habrá que hacer elección alguna, tendrán sólo una marca, la suya.
Os cuento todo esto porque al salir del trabajo he ido a comprar, dispuesta a exprimir cada gramo de comida que trajese a casa. No iba a comer nada más que lo estrictamente necesario, no necesito cenar mucho, sólo una rebanada de pan en el desayuno, sólo un tomate por ensalada, nada de caprichos... esa bolsa se cae, esa bolsa se cae, esa bolsa... poum! ¿Adivináis lo que había en la bolsa? Os daré una pista: hoy he cenado tortilla... de tres huevos.
Y para rematar la jugada mis auriculares, esos caros que decidí comprar porque los baratos siempre se me estropeaban y me hacían daño, se han estropeado. Supongo que por llevarlos siempre a todas partes, de lo cuál deduzco que quizá debería tener unos para el trabajo, otros para correr y otros para la calle y para casa, tal vez así las canciones no sonarían como si los cantantes se hubiesen metido un chute de hexafluoruro de azufre:
Por cierto, los auriculares eran Sennheiser, ¿alguna otra recomendación por si decido en algún momento comprarme otros?

