febrero 24, 2009

Y a la tercera hora resucitó.

Esta mañana todos los que tenemos Gmail hemos pasado miedito.

Berlin 2.0

¿Dos post en un día? Wow, estoy que me salgo. Seguro que no os lo esperabais, pero es que repasando el post anterior me he dado cuenta de que me olvidé de hablar de un montón de cosas por contar del viaje. Me cuesta encontrar una manera de contarlas separadas del post anterior, parece que se quedan sólo en una enumeración de anécdotas.

Para empezar os diré que en este periplo teutón me acompañaron Olga, Belén y Manu (Emmanuelle). A Olga tal vez la hayáis visto comentar alguna vez por aquí. Ella fue compañera de carrera y de piso durante dos años. A Belén y Manu las conocí en este viaje.


De izq. a der.: Belén, Olga y Manu.

Manu protagonizó uno de los momentos más espectaculares del viaje, inventando un nuevo deporte: el lanzamiento de móvil al río Spree. Por desgracia el invento fue involuntario (ups, burbujitas, bye bye móvil).


Momento postcaída: nótese que estoy haciendo notables esfuerzos por aguantar la risa.

Por cierto, gracias a ellas descubrí un servicio de guías que está realmente bien: los free tours de Sandeman's. Ellas ya lo conocían porque lo habían probado en Edimburgo, en un viaje al que yo no pude ir (motivo por el cual tenía todavía más ganas de ir a Berlín). La cosa funciona así, tú vas al punto de encuentro, te asignan un guía según tu idioma y te hace un tour guiado a pie de 3 horas y media, luego le das lo que creas conveniente. Nosotras le dimos a nuestra guía, Alejandra, 5€ cada una (aunque yo le hubiera pagado el doble si mi cuenta corriente no tuviese tanto frío). Está muy bien si tienes poco tiempo para ver la ciudad, porque el mundo historia/monumentos/costumbreslocales te lo ventilas rápidamente y luego si te interesa ver con más calma algún sitio en concreto, pues ya vuelves por tu cuenta.


Aaaaatiende (a la guía). Cómo véis los grupos no son muy grandes.

El último día decidimos tomar algo tranquilamente en el hotel porque teníamos que levantarnos a las 4:00 (ay! que dolor). Así que allí estabamos, haciendo cola en el autoservicio cuando de repente empezó a oler raruno y a ponerse todo demasiado humeante. Se había incendiado la máquina de palomitas del vestíbulo, lo cual se tradujo en que los camareros se vieron obligados a dejar de servir comida porque podía estar contaminada con el humo del plástico. Por suerte a mí ya me habían puesto el plato en la bandeja, así que huí con él a la cafetería del hotel, que estaba aislada del resto y donde no llegaba el humo. Ah! Me fui sin pagar. Esa noche cené gratis, pero en una de esas vueltas del destino el día siguiente me iba a deparar un gasto mucho mayor: me había equivocado al sacar el billete de vuelta y en vez de para febrero compré la vuelta para marzo ¡Bieeeeeeen! ¡Viva yo! Me tocó comprar un billete nuevo para ese día... ouch! Odio al karma, siempre haciendo de las suyas.

¿Por qué he escrito este post en vez hablar del fin de semana que ha sido realmente intenso? No lo sé, pero tenía que postearlo, me parecía una pena desperdiciar tanto texto, sobre todo porque cada vez que veía el borrador perdía un poco de sentido. El fin de semana... pronto.

febrero 15, 2009

First we take Manhattan, then we take Berlín

Ha pasado casi una semana desde que volví de Berlín y todavía no he posteado sobre el tema (mal, mal, mal). Nunca sé si para estas cosas es mejor dejar una distancia prudencial y contarlas pudiendo verlas desde la distancia, o si es mejor hacerlo a saco, en cuanto llegas, con las emociones a flor de piel. En cualquier caso, esta vez ha ganado la primera opción, como con mi maleta, que sigue mirándome impertérrita desde la esquina de mi habitación, todavía sin deshacer. Tal vez el hecho de tenga que formatear el ordenador me ha ayudado a decidirme, cualquier cosa antes que eso. Que perezón me da sólo pensarlo.

Pero en fin, a lo que iba: Berlín.



De izquierda a derecha: Belen, Manu, Olga y yo misma.

Estéticamente, Berlín no es una ciudad muy bonita, sobre todo la parte este (que es donde estaba nuestro hotel). El espíritu comunista aflora en cada esquina: todo es gris, todo es cuadrado. Y donde no ocurre esto está el espíritu aleman, es decir, seriedad, rectitud, profesionalidad, funcionalidad... Sin embargo, todo esto se compensa con la enorme vida cultural de la ciudad. Que habrá edificios grises, sí, pero están llenos de grafitis. Que puede que esa casa esté en ruinas, pero todas las noches hay conciertos dentro.



Las heridas de la guerra también están muy presentes. Berlín es una ciudad llena de cicatrices. Por todas partes hay plaquitas en el suelo que recuerdan que allí vivía tal o cual familia judia. Y la línea que recorría el muro ahora está marcada con una fila doble de ladrillos, para no olvidar nada. Creo que es lo que más me ha gustado de Berlín, que se nota que es una ciudad que lo ha pasado realmente mal y, sin embargo, han sabido salir adelante.




El monumento a las víctimas del holocausto plantea una seria disyuntiva: Es un sitio que se presta mucho a correr, a asomar la cabeza, a hacer el tonto, vamos. Pero por otro lado se supone que es un sitio serio, casi sagrado. La cuestión es ¿Cómo te pones para la foto?

El transporte público es una maravilla. Hay trenes, U-Bahn (bajo tierra) y S-Bahn (por encima), autobuses y tranvias que llegan a todas partes, con mucha frecuencia y bastante rápidos. Y los trenes están todas las noches, ¡TO-DA-LA-NOCHE! (Ayuntamiento de Madrid, aprende).

Otra cosa buena de Berlín es que es una ciudad realmente barata. Para que os hagáis una idea 3 noches de hotel con desayuno nos salieron por 40€ por cabeza, un menú normal ronda los 8€, un cocktail 6€ y una cerveza 3€ (y en Alemania el concepto mini no existe). Por curiosidad he buscado en internet alquileres en el Mitte (en el centro de Berlín, vamos) y he encontrado pisos de 3 habitaciones por menos de 900€.

Sobre la cerveza tengo que decir que a mí normalmente no me gusta, pero claro, es que la cerveza que hay en España parece agua con polvos sabor a cerveza. La cerveza alemana (y la de los países adyacentes) está muy rica, casi trasciende su estatus de bebida para convertirse en un alimento.



En NYC hotdogs, en Londres fish&chips y Berlín kurrywurst. ¿Habéis visto el tamaño de esa salchicha?



La funcionalidad alemana mola: lo tienen todo calculado, te ponen el té con un reloj de arena para que sepas exactamente cuando está listo.

No me a dado tiempo a ver ni la mitad. Tengo ganas de volver, pero en primavera o verano, eso sí, porque allí mis extremidades terminaban en frigo-dedos.

Tal vez parezca que ha sido un viaje corto tanto en distancia como en duración (me fuí el viernes, volví el lunes), sobre todo comparándolo con las excursioncitas del año pasado, pero mi sensación ha sido completamente distinta. De hecho, cuando volví me sentía como si hubiera estado un mes fuera. Me he olvidado de todo,así que descubrir que para los demás sólo habían pasado tres días fue bastante desconcertante.

Por cierto, he descubierto que lo bien que me lo paso en los viajes es directamente proporcional al nivel de idioteces que aparecen en las fotos. Pues eso.

febrero 03, 2009

Haiku del imac que falló

Querido Lechuck
te echaré de menos
¿Porqué petaste?


UPDATE:

Tras unas cuantas horas delante de la máquina he conseguido arreglarlo. Ha sido relativamente fácil. Me explico, la tarea en sí era fácil de llevar a cabo (sólo requería tiempo), pero claro, como soy nueva en esto de los macs, a veces la que se queda colgada soy yo. Con lo bien que conozco yo a mis pc's de mis entretelas, que hasta les puedes ver las tripas y todo. Estos cacharros de aluminio serán muy bonitos, pero no me fio un pelo de ellos. En realidad tampoco de los pc's, pero no hay nada más fuerte que la costumbre.

La cosa, por si os pasa a alguno, fue así: saltaron los plomos y de mi casa y el ordenador dice que ya no le da la gana de aguantar más la situación, que ahí se queda, con este bonito mensaje cada vez que lo enciendo:


En los mac la pantalla de la muerte es gris al parecer.

La cosa es que puede reinstalar el Mac Os sin borrar vuestros queridos archivos siempre que estéis en posesión del disco de instalación original. Pero si, como es mi caso, no os queda espacio en el disco duro porque sois aficionados a las descargas de dudosa legalidad, tendréis que liberar unos gigas para instalar el sistema. ¿Cómo se hace esto? Conectáis el ordenador a otro mac como disco duro esclavo vía firewire y ya podéis sacar lo que queráis de él. Fácil aunque extremadamente lento, pero siempre mejor que esperar al servicio técnico.

Nota mental: Comprar un SAI (acordándome de Santa Bárbara cuando llueve).

Nota mental 2: Comprar otro disco duro externo capaz de contener información en cantidades bíblicas.