octubre 08, 2009
Adolph Hipster
¡Lo he encontrado! La prueba definitiva de que los modernos son la encarnación del mal. Lo teníamos delante, sólo era necesario un buen afeitado y un poco de antiojeras:
octubre 05, 2009
Tercera persona plural de presente imperfecto
Modernos. Estoy rodeada de ellos. Cada día los tolero menos. No voy a hacerme ahora la guayona como si yo no pecase alguna vez, pero eso no me impedirá ser la primera en tirar piedras si es necesario.
Trabajo en publicidad y es inevitable verse influenciado por ese mundo de tendencias y tendenciosos. Que sí, que sí, que me compro las zapatillas por internet porque son más exclusivas (aunque también más baratas, las cosas como son). La imagen es importante y quien diga que no le importa lo que lleven los demás o lo que piensen de las propias vestiduras, miente como un bellaco. A todos nos gustan las cosas bonitas, eso está claro.
Lo que no me parece tan normal es ponerse un vestido mínimo para salir una noche con 10ºC o un gorro de lana en verano (seguro que vosotros también lo habéis visto). Quiero decir con esto que la forma sin función no sirve de nada. Y, cuando hablamos de trendismos, la función es una mera anécdota. No es ya que no haya función, sino que se convierte en lo contrario de lo que debería ser.
No sé si me he explicado, pero me están dando ganas de empezar a vestir sólo con vaqueros y camisetas y zapatillas blancas. El problema es que ya no estoy segura de que eso no sea moderno.
Ok, disculpad el arrebato de odio. La cuestión es que después del viaje a París me fui un fin de semana a Ibiza que me hizo bajar de las nubes otra vez (con preciosos atardeceres, eso sí). Hay veces que la gente se vuelve sencillamente odiable. Por fortuna ya se me ha pasado y vuelvo a ser la misma persona (¿alegre?) de siempre, si acaso, con el nivel de insociabilidad un poco más alto de lo habitual. Por cierto, qué bien huele la ropa recién tendida, ¿no?
Trabajo en publicidad y es inevitable verse influenciado por ese mundo de tendencias y tendenciosos. Que sí, que sí, que me compro las zapatillas por internet porque son más exclusivas (aunque también más baratas, las cosas como son). La imagen es importante y quien diga que no le importa lo que lleven los demás o lo que piensen de las propias vestiduras, miente como un bellaco. A todos nos gustan las cosas bonitas, eso está claro.
Lo que no me parece tan normal es ponerse un vestido mínimo para salir una noche con 10ºC o un gorro de lana en verano (seguro que vosotros también lo habéis visto). Quiero decir con esto que la forma sin función no sirve de nada. Y, cuando hablamos de trendismos, la función es una mera anécdota. No es ya que no haya función, sino que se convierte en lo contrario de lo que debería ser.
No sé si me he explicado, pero me están dando ganas de empezar a vestir sólo con vaqueros y camisetas y zapatillas blancas. El problema es que ya no estoy segura de que eso no sea moderno.
Ok, disculpad el arrebato de odio. La cuestión es que después del viaje a París me fui un fin de semana a Ibiza que me hizo bajar de las nubes otra vez (con preciosos atardeceres, eso sí). Hay veces que la gente se vuelve sencillamente odiable. Por fortuna ya se me ha pasado y vuelvo a ser la misma persona (¿alegre?) de siempre, si acaso, con el nivel de insociabilidad un poco más alto de lo habitual. Por cierto, qué bien huele la ropa recién tendida, ¿no?
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