septiembre 14, 2010

Bomba de humo


Vecinos de internet, como compañera vuestra que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a pagar.

Despedirse a la francesa, hacer el ninja, en definitiva largarse de una fiesta por la puerta de atrás. Un hecho sin importancia porque sabes que vas vas a volver, que habrá otra fiesta, que, al fin y al cabo no hacía falta una despedida porque esto sólo es una pausa. Pero ¿qué pasa cuándo te marchas sin despedirte sabiendo que no va a haber otra fiesta? ¡Pues que te sientes como un traidor!

La cuestión es que a mitad Julio la crisis, que hasta el momento se había mantenido en un segundo plano para mí, me hizo un ¡zas en toda la boca! Vamos que ahora me da de comer el Sr. INEM. El caso es que no estaba el tema para andar pagando alquileres en Madrid alegremente, así que lanzé una bomba de humo. No sólo eso, sino que me fui a mitad de agosto, con nocturnidad y alevosía, y cuando no había nadie. Y sí, me siento un poco culpable. Hasta ahora no me había decidido a escribir el post sobre el tema porque me siento atrapada entre el humo de esa bomba que yo misma he lanzado y que no termina de disiparse. Esta especie de limbo me ha tenido atrapada, impidiéndome hacer cualquier cosa.

Y encima he pasado unos cuantos días en Murcia, donde no hay playa y hace un tiempo que me gusta definir como tópico. Que me quede alguna neurona sin derretir es todo un logro.

Pero ha llegado el momento de ponerse las pilas. Al fin y al cabo, aquí tenemos un lío muy gordo montado y esos miguelitos y esas berenjenas de almagro no se van a comer solos.

El primer chato de vino dulce de esta feria, porque hay motivo.